NAGOYA IN

Por Gabriel Bauret, comisario. Fragmento del texto aparecido en European Eyes on Japan 3.

(…) En línea con los trabajos del programa "European Eyes on Japan", creado en 1999, cinco fotógrafos exploraron el año pasado cinco regiones muy diferentes del país. Algunos con una idea precisa en mente, como Jordi Bernadó y Françoise Huguier: él deseaba continuar su estudio del paisaje urbano, mientras que ella había expresado la intención de fotografiar los rituales del baño, muy representados en la región de Yamanashi. En cuanto a los otros tres, cada uno estaba dispuesto a vivir una aventura visual y humana, un sueño que Eric Dessert, entre ellos, albergaba desde hacía tiempo. Mientras que para los primeros significaba desarrollar su experiencia previa de Japón en nuevos lugares, los otros iban a descubrir un paisaje, una sociedad y una cultura totalmente desconocidos para ellos. Sobre todo porque se les invitó a trabajar lejos de ciudades como Tokio, Kioto u Osaka, en lugares generalmente no tan familiares para los europeos.

Un contraste aún más evidente cuando se comparan las fotografías de Jordi Bernadó con las de Eric Dessert. Además de la diferencia de estilos, que se manifiesta enseguida (color para el primero, blanco y negro para el segundo, díptico panorámico frente al clásico formato de cámara), la selección de los temas fotografiados difiere de manera tan fuerte como visible: Bernadó retrata el mundo con un enfoque ingenioso, mientras que Dessert se mantiene cerca de las tradiciones rurales. Bernadó muestra los artificios, los juegos, las excentricidades o incluso los absurdos del paisaje urbano. Dessert capta ciertas luces, el viento, el movimiento de los árboles, las vetas de la madera. Y como contrapunto a sus paisajes y bodegones, parece buscar en los rostros de las personas que retrata una relación con los elementos naturales. Jordi Bernadó, por su parte, se sirve de la fotografía y de este complejo aparato, mezclando panorámica y díptico, para escudriñar la ciudad en sus profundidades, bajo diversos ángulos, para cuestionar su realidad. No sólo de Nagoya, sino de la ciudad en general. Porque los escritores que cita en su texto introductorio transmiten, en efecto, la misma pregunta sobre la ciudad: ¿cómo aprehender su espacio, su funcionamiento, sus fronteras? (...)

Written by Gabriel Bauret, curator. Excerpt from the text published in European Eyes on Japan 3.

(…) In line with the works of the “European Eyes on Japan” program, created in 1999, five photographers explored last year five photographers explored last year five very different regions of the country. Some with a precise idea in mind, like Jordi Bernadó and Françoise Huguier: he wished to continue his study of the urban landscape, whereas she had expressed the intention to photograph the bath rituals, much represented in the region of Yamanashi. Regarding the other three, each was ready to experience a visual and human adventure, a dream Eric Dessert, among them, had harbored for a long time. As to the formers it meant developing their previous experience of Japan in new places, the others were going to discover a landscape, a society and a culture totally unknown to them. All the more since they were invited to work far away fromt cities such as Tokyo, Kyoto or Osaka, in places generally not so familiar to Europeans.

A contrast all the more evident when comparing the pictures of Jordi Bernadó to those of Eric Dessert. In addition to the difference of styles, which shows at once (color for the former, black and white for the latter, panoramic diptych as opposed to the classic chamber format), the selections of topics photographed differ as strongly and as visibly: Bernadó pictures the world in  witty approach, while Dessert keeps close to rural traditions. Bernadó shows the artifices, the games, the eccentricities, or even the absurdities of the urban landscape. Dessert captures certain lights, the wind, the movement of trees, the wood veins. And as counterpoint to his landscapes and still life pictures, he seems to search the faces of the persons he portrays for a relation with the natural elements. Jordi Bernadó, on the other hand, makes use of photography and of this complex apparatus, blending panoramic and diptych, to scrutinize the city in its depths, under diverse angles, to question its reality. No just Nagoya, for that matter, but the city in general. Because the writers he quotes in his introductory text indeed convey the same question about the city: how to apprehend its space, its operation, its borders? (…)