BELLEZA Y LAS RARAS ARTES DEL SIMULACRO

El viaje empieza como empiezan todos los viajes. Propósito. Camino. Expectativa. El recorrido tiene dos paradas: Alquézar, Huesca; después Zuheros, Córdoba. Imagino las fotografías, especulo con las calles, las fachadas, el paisaje. Así, mato el tiempo.  Acorto las distancias. Al llegar, sé que me he presentado demasiado pronto. La belleza siempre se hace esperar.

Belleza y las raras artes del simulacro es una aproximación visual a la noción de lo bello. Viajo a dos lugares reconocidos por su belleza: Zuheros y Alquézar, destacados entre los pueblos más bonitos de España. Son, también, dos de los lugares más visitados y fotografiados. Con una mezcla de curiosidad, cariño e ironía, me adentro en ambos escenarios, con la idea de desplegar una nueva mirada sobre el paisaje. Recorro rincones, esquinas, callejuelas; recopilo escenas ambiguas, extrañas estampas; capturo con aparente neutralidad, pero con intención, los detalles que conforman la estética de los dos pueblos.

Más allá de un archivo documental, pretendo ofrecer una invitación a reconsiderar la belleza desde nuevas coordenadas. Esta exposición tiene un significado especial en el marco de mi obra, que orbita en torno a la identidad, el simulacro y las trampas de la representación. En Belleza y las raras artes del simulacro, pretendo señalar los puntos ciegos del decorado, la cara oculta de las máscaras. No quiero dictar sentencia, ni juzgar lo bello frente a lo grotesco, lo auténtico frente a lo impostado. La belleza, sugiero, no es una tierra de oposiciones, ni de fronteras, sino el espacio donde todas las narrativas convergen.

Belleza y las raras artes del simulacro enhebra fragmentos para construir un relato poliédrico. Voy negociando con el entorno, navegando la delgada línea que separa la realidad de la simulación, y compongo un mosaico de verdades veladas, resquicios y trampantojos. Estas imágenes arañan el paisaje, abriendo pequeñas rendijas, cicatrices. Por ellas se cuelan pinceladas de una belleza desconocida. Elusiva, errática, casi un acertijo. Voy siguiendo sus huellas, deshaciendo el camino a cada paso, inventando nuevas vías. Estas fotografías son el testimonio de una conversación fugaz, pero honesta, entre la fotografía y la belleza. De todo lo que se dicen cuando, finalmente, se encuentran.

The journey begins as all journeys begin. Purpose. Road. Expectation. The route has two stops: Alquézar, Huesca; then Zuheros, Córdoba. I imagine the photographs, I envision the streets, the facades, the landscape. That way, I kill time.  I shorten the distances. When I arrive, I know that I have shown up too soon. Beauty always takes a while to appear.

Belleza y las raras artes del simulacro is a visual approach to the notion of beauty. I travel to two places renowned for their beauty: Zuheros and Alquézar, two of the most beautiful villages in Spain. They are also two of the most visited and photographed places. With a mixture of curiosity, tenderness and irony, I venture into both places, with the idea of casting a new glance at the landscape. I explore nooks and crannies, corners, narrow streets; I collect ambiguous scenes, strange images; I capture with apparent neutrality, but with intention, the details that make up the aesthetics of the two towns.

Beyond a documentary archive, I intend to offer an invitation to reconsider beauty from new coordinates. This exhibition has a special significance in the framework of my work, which revolves around identity, simulacra and the traps of representation. In Belleza y las raras artes del simulacro, I intend to point out the blind spots of sets, the hidden face of masks. I don't want to pass judgement, or weigh the beautiful against the grotesque, the authentic against the impostured. Beauty, I suggest, is not a land of oppositions, nor of frontiers, but the space where all narratives converge.

Belleza y las raras artes del simulacro threads fragments together to construct a polyhedric narrative. I negotiate with the environment, navigating the thin line that separates reality from simulation, and compose a mosaic of veiled truths, loopholes and trompe l'oeil. These images scratch the landscape, opening small cracks, scars. Through them, brushstrokes of an unknown beauty seep through. Elusive, erratic, almost a riddle. I follow in its footsteps, unravelling the path at every step, inventing new ways. These photographs are the testimony of a fleeting but honest conversation between photography and beauty. Of everything they say to each other when they finally meet.