supernatural

El proyecto Supernatural es un disparo directo a las grietas del presente. Nace del deseo de encontrar nuevas formas de mirar y entender el mundo que se enrosca a nuestro alrededor. Se desliza con ligereza, pero con intención, a través de los paisajes narrativos de nuestra sociedad: la globalización, la ecología, el turismo; la exhibición de lo personal, la imposición de la felicidad, el culto a la belleza, la normalización de la hiper productividad; la edificación masiva y la monumentalidad de las; la creciente mitificación de la naturaleza salvaje como origen al que regresar. Se cruzan el autoengaño, el simulacro, los clichés, las fantasías. 

Jordi Bernadó disecciona los escenarios del mundo, quitando capas y decorados, abriéndose paso a través de la cirugía plástica que cubre todo cuanto vemos.

El viaje empieza en el Serengueti, Tanzania. El nacimiento del paisaje. Vasto, abierto, virgen, el mito de la naturaleza salvaje, de las tierras prístinas e ininterrumpidas por la presencia humana. Una suerte de Paraíso. Aquello que, por definición, jamás encontraremos, pero no dejaremos de buscar.

Bernadó deja atrás el Serengueti y avanza por pasajes, recámaras, rutas secundarias. Recopila imágenes de su paso por las múltiples realidades del mundo. Finalmente, llega al polo opuesto, a la antítesis de lo natural. KidZania, Ciudad de México. Ahí acaba el viaje. Más que un parque de atracciones, KidZania es una realidad paralela gobernada y habitada por niños. El epítome de la artificialidad. Supuestamente.

El punto de partida y el destino final no son sino dos caras de la misma moneda, el resultado de las fantasías que proyectamos acerca de quiénes somos, cómo vivimos, a qué debemos aspirar. Serengueti y KidZania, ninguno es más natural que el otro, ni más honesto, ni más auténtico; todo son ficciones. Todo son máscaras. Y están unidas por un lazo común: nuestro deseo de creer en ellas. Estas imágenes son como síntomas de esta dolencia, la ilusión. Síntomas de un mundo que se aferra a sus propias fantasías.

Supernatural nos empuja a desgranar el concepto de naturaleza. De lo que es normal, apropiado, original. Desde relaciones interpersonales a paisajes. Y nos contagia una urgencia ineludible de preguntarnos por nuestras propias distorsiones, por las deformaciones de nuestra imaginación y nuestra mirada. El origen de nuestras ilusiones.

Supernatural shoots straight into the cracks of our time. It is born out of a desire to find new ways of looking at and understanding the world we live in. It moves lightly, but with intention, through the narrative landscapes of our society: globalisation, ecology, tourism; the exhibition of the personal, the imposition of happiness, the cult of beauty, the normalisation of hyper-productivity; the massive construction and monumentality of buildings; the growing mythification of wild nature as an origin to return to. Self-deception, simulacrum, clichés and fantasies intersect.

Jordi Bernadó dissects the scenes of the world, stripping away layers and decorations, making his way through the plastic surgery that covers everything we see.

The journey begins in the Serengeti, Tanzania. The birth of all landscape. Vast, open, virgin, the myth of wilderness, of pristine lands uninterrupted by human presence. A sort of Paradise. That which, by definition, we will never find, but we will never stop looking for.

Bernadó leaves the Serengeti behind and moves on through passages, chambers, secondary routes. He collects images of his journey across the multiple realities of the world. Finally, he arrives at the opposite pole, the antithesis of the natural. KidZania, Mexico City. That is where the journey ends. More than an amusement park, KidZania is a parallel reality governed and inhabited by children. The epitome of artificiality. Or so it seems.

The starting point and the final destination are but two sides of the same coin, the result of the fantasies we project about who we are, how we live, what we should aspire to. Serengeti and KidZania, neither is more natural than the other, nor more honest, nor more authentic; they are all fictions. They are all masks. And they are united by a common bond: our desire to believe in them. These images are like symptoms of this ailment, illusion. Symptoms of a world that clings to its own fantasies.

Supernatural prompts us to unravel the concept of nature. Of what is normal, appropriate, original. From interpersonal relationships to landscapes. And it instills in us an inescapable urge to ask ourselves about our own distortions, about the deformations of our imagination and our gaze. The origin of our illusions.